En general las empresas, cuando se protegen del fraude, se enfocan en la
identificación del fraude externo, y si bien el fraude no se puede eliminar
estructuralmente, se pueden minimizar sus efectos a nivel interno. Hoy las
empresas deben ser rentables. No hay lugar para el fracaso. Y el resultado es
visible, donde exista debilidad de estructuras de control, se está concretando
la posibilidad de que se den maniobras de tipo fraudulento dentro de la
organización.
Las modalidades de fraude son múltiples, y en general, abarcan desde fraude
contable hasta espionaje industrial a favor de competidores, desde "auto-robo"
de mercadería, hasta falsificación de marcas, sitios web, etc., pero lo cierto
es que la estadística más reciente y preocupante relacionada con fraude es que
en promedio y a nivel mundial, se estima que las empresas pierden una cifra
igual al 6% de sus ingresos, por costos ocultos y no ocultos de fraude.
Y es que la cantidad de fraudes cometidos puede ser relacionada con el
nivel educativo y jerárquico de los empleados: cerca del 60% de los fraudes son
cometidos por empleados de nivel bajo y medio, un 30% gerentes y jefes y el 10%
por ejecutivos de máximo nivel.
Pero cuando se cuantifican las pérdidas, se invierten los números: solo el 5%
de las pérdidas de la empresa es causada por fraudes cometidos por empleados de
nivel no jerárquico; el 20% son causadas por fraudes cometidos por gerentes,
y el 75% de las pérdidas son causadas por fraudes cometidos por sus
ejecutivos.
Las estadísticas también nos señalan que los fraudes que logran
identificarse a lo interno de las organizaciones son descubiertos por distintos
mecanismos, los controles internos y las auditorías representan el 55%,
informantes (ajenos o internos) representan el 20%, otros mecanismos
formalizados suman un 15%, y la detección accidental se da un 10% de las
ocasiones.
Nuestro continente ha sido testigo de casos memorables de fraude interno
que han afectado no solo a los colaboradores y usuarios de dicha institución,
sino al país entero, entre ellos destaca el sonado caso de BANINTER en República
Dominicana, un fraude sin precedentes ejecutado por un reducido grupo de
ejecutivos que actuaron como asociación; fraudes corporativos como el de Enron o
Worldcom ocurridos en Estados Unidos. En México por ejemplo, tres de cada cuatro
empresas son víctimas de fraude por su personal, y en 91% de los casos esa misma
persona ha cometido más de un fraude contra la empresa, esto sólo por mencionar
algunos, pero lo cierto es que el fraude existe y erosiona gravemente la
economía de las compañías, sus mecanismos se van sofisticando, y
consecuentemente la potencialidad del perjuicio aumenta.
La experiencia asegura que el delito se repite si no hay una inmediata
capacidad de reacción. Sin medidas judiciales los delitos vuelven a cometerse al
poco tiempo, el proceso es la efectiva y concreta evidencia de la voluntad
empresarial, y para ello sigue siendo la prevención el mejor remedio. El notorio
control sobre bienes e información crítica, no solo permiten detectar los
posibles casos ilícitos, sino que desalientan su comisión. Es conveniente la
expresa notificación a todos los colaboradores de la empresa sobre la
posibilidad de ser auditados, para legitimar el acceso a documentación o
elementos informáticos puestos a su disposición.
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