¿Es legítimo que las microfinanzas sean un negocio?
Perú es uno de los países de América Latina que más están progresando. Parte esencial de este crecimiento se debe a la reducción de la pobreza, explicada por el desarrollo emprendedor de individuos que empezaron sin capital y hoy en día poseen ingresos que les permiten mantener un nivel de vida adecuado.
Interesados en estudiar este fenómeno, realizamos una investigación con el apoyo de Mibanco, el principal banco de las microfinanzas del Perú. Preseleccionamos a 150 emprendedores, de los cuales entrevistamos a 50. Finalmente, nos quedamos con 12 historias. Obtuvimos lecciones de vida, pero también una visión clara de cómo las microfinanzas han influido en la integración de los pobres a la modernidad, destacando la importancia de las “instituciones informales” (Douglass North) sobre las “instituciones formales”.
Las historias
Seleccionamos las historias en función de dos variables. La primera y más importante era que debía ser una lección de vida. Nuestros héroes emprendedores tenían que haber empezado sin capital y pobres –este era el caso de casi todos–, pero además debían haber enfrentado con éxito la adversidad. En segundo lugar, escogimos lugares simbólicos en el desarrollo de la Lima urbana, como los mercados de La Parada (mercado mayorista de frutas y verduras) y Gamarra (el principal clúster de pymes textiles de Perú), las ciudadelas de Villa El Salvador y Huaycán, donde el terrorismo de Sendero Luminoso dominó en su momento, y los tradicionales distritos del Rímac y La Victoria.
La primera historia es la de Gregoria, una joven maltratada por su primer esposo, pero que gracias a su empeño pudo salir adelante. Primero con una bodega minorista de abarrotes y después, ya con la ayuda de su segundo esposo, con una panadería, en el Asentamiento Humano Mi Perú, en Ventanilla.
La segunda historia es la de Yolanda, “la reina del choclo” (maíz peruano de alto consumo en nuestra gastronomía). Yolanda es comerciante en el mercado mayorista de La Parada. Su vida estuvo marcada por la relación con su madre, que enfermó muchas veces y fue la que inició el negocio ambulatorio minorista del choclo. Junto con su esposo han integrado la cadena de producción y comercialización desde el alquiler de tierras para cultivo de choclo hasta la venta al por mayor, pasando por una empresa de transportes para su mercadería.
En la tercera historia combinamos el relato de tres casos del famoso emporio textil de Gamarra. Empezamos con la historia de Víctor y Donato. Víctor pasó un año deprimido después de que lo deportaron de España por ilegal, a pesar de haber desarrollado un negocio de importación exitoso. Lo había perdido todo y volvió a comenzar en asociación con Donato, con quien posee una empresa que destina el 50% de su producción a la exportación. En paralelo contamos la historia de los hermanos Béjar, que empezaron a ayudar a su madre vendiendo hilos y cierres en la calle. El primer gran salto lo dieron cuando uno de los hermanos se fue a la China a conseguir proveedores directos, y el segundo cuando compraron un edificio de galerías para alquiler en Gamarra. La tercera historia es la de Tina, una señora que desde joven se involucró en cuanto negocio se le ocurrió como comerciante, antes de lograr instalarse en Gamarra. Cuando empezó con su negocio actual facturaba US$4.000 mensuales, con cien vestidos de producción. Ahora sus ventas son de más de US$40.000 mensuales, para una producción diez veces mayor.
En el cuarto relato se cuenta la historia de Arón Prado, quien fue maltratado por su padre y enviado a Lima a los once años de edad con cinco soles en el bolsillo. En esa ciudad encontró a su hermano y su madre, que trabajaba de empleada doméstica en el distrito residencial de Miraflores. Arón empezó vendiendo prendas de vestir y aprovechó las oportunidades que se le presentaron para incursionar en el negocio de los maniquíes. Arón no paró hasta convertirse en el principal proveedor de la cadena de tiendas por departamentos Ripley. Hace algunos años, junto con su esposa, fundó su segunda empresa en Villa El Salvador, la cual está dedicada a la producción de muebles de metal para oficinas y tiendas por departamentos. Recientemente ganó el segundo puesto en el concurso de planes de negocio del Instituto Invertir y ha conseguido un financiamiento por US$750.000 de un banco portugués.
El quinto cuento es el de Laureano, una historia que nos hace penetrar en el misterioso mundo de la medicina natural en el Perú. Por una necesidad personal, Laureano inició la producción de vinagre de manzana, para luego pasar al envasado de arcilla roja para aplicación externa y de arcilla blanca para ingestión oral. Laureano posee una planta de 360 metros en la ciudadela de Huaycán, lugar que algún día dominó Sendero Luminoso.
En el sexto capítulo se resume la vida de David, quien tiene un recorrido de 29 años como comerciante de abarrotes. Sus ventas pasaron de US$4.000 mensuales en el 2002 a más de US$15.000 en el 2009. Abastece la zona de San Gabriel, en Villa María del Triunfo. Ha adquirido dos propiedades y un vehículo para el transporte de mercadería. Cometió algunos errores, pero salió adelante y ahora posee uno de los negocios más prósperos de la zona.
La séptima historia es sobre la vida de Amador y de Félix, dos organizadores de mercados. Amador trabajó por mucho tiempo como mayordomo de una familia de la alta sociedad limeña, se independizó relativamente mayor y se convirtió en un próspero comerciante ambulante en Comas. La fuerza de su carácter le permitió enfrentar con éxito las dificultades que se le presentaron para formar el mercado Honduras Center en el distrito de Comas. Félix ha desarrollado una verdadera cadena de mercados de productos de bajo costo en zonas residenciales: los mercados Edén. Empezó como vigilante en el Mercado Mayorista, y luego incursionó en el negocio de organizar mercados formales para terminar con la informalidad de la venta ambulatoria.
El octavo relato es el de Rebeca, una señorita que estudió una carrera que le deparaba un futuro poco auspicioso. Conoció a quien sería su esposo y lo empezó a ayudar, sin ser consciente de que se estaba convirtiendo en una comerciante. El ingreso al negocio de los balones y artículos deportivos marcó su despegue emprendedor. Rebeca posee tres puntos de venta y un depósito en el distrito del Rímac. Importa la mayor parte de su mercadería directamente de China.
El noveno capítulo es el de la historia de Rosa y Armando, unos esposos cuya vida en común estuvo plagada de contratiempos que ambos supieron enfrentar con valentía. La enfermedad de una hija, mudanzas obligadas, la antipatía de los vecinos, incendios y robos, forman parte de un entorno hostil que ellos supieron dominar. En la actualidad, la pareja tiene un récord de 22 créditos trabajados con Mibanco y más de US$40.000 de patrimonio en maquinaria y equipo para la fabricación de prendas de vestir. Viven en el tradicional y populoso distrito del Rímac.
Las microfinanzas: rompiendo paradigmas
Mibanco, uno de los principales bancos de microfinanzas en América Latina, surgió de Acción Comunitaria del Perú, una ONG fundada por empresarios peruanos inspirados por una ONG de origen norteamericano, Acción Internacional. Se suman a Mibanco en el Perú unas 90 entidades especializadas en microfinanzas que otorgan microcrédito: 6 financieras, 13 cajas municipales de ahorro y crédito, 11 edpymes, 10 cajas rurales y unas 50 ONG. Además, prácticamente todos los bancos peruanos se han volcado a otorgar microcréditos, años después de haber mirado de reojo y con algo de condescendencia a entidades como Acción Comunitaria del Perú.
Las colocaciones de microcrédito en el Perú han crecido a una tasa de 19,5% anual en la última década. Mibanco ha crecido en sus colocaciones 40,30% en promedio anual o 1,265% en los últimos ocho años, logrando la más alta rentabilidad del mercado financiero peruano (retorno sobre capital de 38,9% a diciembre de 2008 y de 32,8% a junio de 2009) y una de las más bajas tasas de morosidad del sistema (2% a diciembre de 2008 y 2,9% a junio de 2009). Posee alrededor de 600 mil clientes y una cartera de cerca de US$1.000 millones colocados.
¿Es legítimo que las microfinanzas sean un negocio? Este es el principal debate que opone al Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus con empresarios de las microfinanzas y académicos como Michael Chu, de la Universidad de Harvard1.
Yunus sostiene que las microfinanzas son para ayudar a los pobres, por lo que acepta el negocio siempre y cuando éste revierta siempre a los pobres. No le parece bien que terceros hagan negocios con las microfinanzas. Chu y la mayoría de los banqueros de las microfinanzas de América Latina consideran que no hay contradicción alguna en concebir las microfinanzas como un negocio para no pobres y ayudar a los pobres a salir de esa condición. Menos aún que exista contradicción alguna en el hecho de financiarse en los mercados de capitales para conseguir más liquidez para microcréditos. ¡Todo lo contrario! Es justamente lo que tantos estados populistas han intentado de manera fallida durante décadas: prestarles a los pobres dinero de los ricos. Y es que la única forma de hacer crecer las microfinanzas, y con ello el acceso al crédito de los pobres, es volviendo sostenibles a las entidades financieras, esto es, dotándolas de tecnologías crediticias, de gerentes y de funcionarios que sepan prestar y asesorar a sus clientes de la microempresa. Porque lo que hacen las entidades financieras como Mibanco no es sólo prestar, sino también asesorar a sus clientes, y no lo hacen por filantropía, sino porque si sus clientes no crecen sanos financieramente, ellas no podrán crecer como entidades financieras.
Una nueva mirada sobre la importancia de los derechos de propiedad
El boom de las microfinanzas ha generado, desde nuestro punto de vista, un nuevo paradigma sobre la forma en la que las instituciones influyen sobre la integración de los pobres al proceso de desarrollo económico. Como se sabe, una corriente de pensamiento económico sobre la informalidad resaltó el papel de los títulos de propiedad inmobiliarios como factor esencial de incorporación de los pobres a la modernidad. Así, por ejemplo, Hernando de Soto destacó que, una vez registrados y validados los títulos de propiedad inmobiliarios, los emprendedores podrían hipotecar sus propiedades y obtener créditos en el sistema financiero e integrarse a la modernidad. En el caso de las microfinanzas, esto no ha sucedido.
La nueva visión sobre la informalidad, de la cual participó De Soto, entre otros, estuvo influenciada por las teorías de Douglass North (Premio Nobel de Economía 1993), quien había demostrado que la teoría económica estándar no tomaba en cuenta la importancia de las instituciones para el crecimiento económico. En particular, North recalcó que para que se formen mercados y se potencie la capacidad de una sociedad para generar riqueza, había que tener un sistema institucional de reglas de juego que definan y hagan respetar los derechos de propiedad privada. A su juicio, la adecuada definición y respeto de los derechos de propiedad reduce los costos de transacción y permite que los negocios se desarrollen con mayor facilidad. Ahora bien, con el tiempo, North fue dándoles mayor importancia a las instituciones “culturales” , las reglas de juego no escritas que llama “instituciones informales”, como factores que pueden llevar a una sociedad a lograr un mejor o peor marco institucional para que se desarrollen los mercados. De manera tal que nos proveyó de un marco teórico general para entender los factores que pueden generar un marco institucional favorable o desfavorable al crecimiento.
Lo que ha sucedido con las microfinanzas estaría resaltando la importancia de las “instituciones informales” sobre las instituciones tradicionales formales en el proceso de integración de los emprendedores pobres al circuito del crédito. Y es que las microfinanzas han logrado dicho proceso sin la necesidad de que los clientes, empresarios de la microempresa, posean títulos de propiedad formales. De hecho la gran mayoría no lo tiene.
Los emprendedores acceden a préstamos una vez formado un negocio que les da un flujo de caja positivo, no debido a que se les proveyó de un título de propiedad. Así suceden las cosas en el mundo real. Los bancos se fijan cada vez menos en la calidad de las garantías para otorgar créditos, y menos aún en barrios populares, donde el costo de ejecutar una garantía es casi prohibitivo. Lo esencial para poder recuperar un crédito con intereses es tener al frente a un empresario con un negocio que dé un flujo de caja positivo. Y esto no es automático, como se deduciría al leer a De Soto. Para llegar a tener un negocio con flujo de caja positivo se requieren mucho esfuerzo y tiempo por parte del emprendedor.
La técnica desarrollada por las entidades de microfinanzas como Mibanco para otorgar préstamos se basa en la observación directa de la capacidad y de la voluntad de pago de los empresarios. Además, no otorgan crédito a ningún emprendedor que no tenga por lo menos seis meses de negocio con un flujo de caja positivo, con lo que garantizan que existe capacidad de pago. Y la voluntad de pago (el sustituto de la garantía) la chequean observando, tomando referencias de los vecinos, garantizando que los emprendedores pertenezcan a una asociación o a un mercado. Ejemplos de garantías en este mundo todavía informal son los certificados de pertenencia a una asociación de comerciantes (que por lo general funge de título de propiedad de un mercado físico), el contrato de alquiler de un puesto de mercado o la posesión informal de un lugar de negocio, pero también las referencias de los vecinos, la observación directa del negocio y el récord crediticio registrado en el sistema bancario. No son siempre garantías formales, pero la práctica las ha convertido en suficientemente seguras, como lo demuestra la baja morosidad de los microcréditos.
¿Significa esto que el respeto del derecho de propiedad no es importante? En lo absoluto. Mibanco garantiza su propiedad sobre el crédito e intereses que hay que recuperar, mediante mecanismos alternativos a los títulos de propiedad formales. Estos son sólo parte de los mecanismos posibles inventados por el capitalismo para garantizar el crédito. Las técnicas de constatación de capacidad y voluntad de pago utilizadas en las microfinanzas son, pues, “instituciones informales” alternativas a las formales. Instituciones que se adaptan a la realidad financiera y social mucho mejor que el título de registros públicos tradicional. Tanto es así que incluso los microcréditos hipotecarios otorgados por Mibanco no consideran como principal garantía el título de propiedad formal de la vivienda. Se prefiere siempre prestarle a un empresario de la microempresa que ya tenga un negocio funcionando, pues tiene un flujo de caja positivo que le permite ganarse la vida y pagar el crédito.
Una integración de abajo hacia arriba
Nuestras historias forman parte del proceso de integración a la modernidad de cientos de miles de familias peruanas. Este proceso no se da de arriba hacia abajo por la voluntad de diez gobernantes iluminados que decidieron repartir títulos de propiedad a inmigrantes que invadieron la periferia de Lima.
Nuestras historias son de menores de edad que por decisión propia o de sus padres, llegaron a Lima con “una mano adelante y otra atrás” y no les quedó otra opción que hacer empresa. Y como les fue relativamente bien, empezaron a ganar dinero. Y como comenzaron a tener dinero, pudieron consumir más y aspirar así a los patrones de consumo más modernos que ofrece la globalización de inicios del siglo XXI. De ahí el surgimiento de modernos centros comerciales en zonas de Lima en las que, 30 años atrás, sólo había arenales y viviendas precarias. Las empresas más globales ven entonces que los negocios están en dichas zonas y se vuelcan a estudiar sus patrones de consumo actual y potencial. Se va generando así, por primera vez en la historia del Perú, un proceso de integración cultural pacífico. Y se revitaliza la autoestima nacional.
El libre mercado, la apertura comercial, la ortodoxia bancaria, la independencia del banco central, la minimización del papel empresarial del Estado, el equilibrio fiscal, son todos factores que han impulsado el crecimiento de abajo hacia arriba y, con él, la consolidación de la identidad nacional. ¿No es paradójico que el liberalismo consolide la identidad nacional? Lo es sólo si no establecemos la diferencia entre nacionalismo y patriotismo. El amor a la tierra de los padres, la natural simbiosis cultural entre connacionales, no riñe con una visión cosmopolita del mundo; con apreciar la belleza de lo que nos ofrecen otras culturas; con reconocer el aporte de la inversión extranjera y el intercambio comercial a todo nivel. Algo que no tiene nada que ver con el rancio nacionalismo tribal que comparten el fascismo y el socialismo del siglo XXI, restringiendo la inversión extranjera, imponiendo artificialmente lenguas nativas, estatizando la economía y reprimiendo la libertad.
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